El ERE de Tubos Reunidos pone contra las cuerdas a Aiaraldea, una comarca golpeada por el cierre de empresas y amenaza con extender la crisis social más allá de la industria
Aiaraldea afronta una nueva sacudida social con el expediente de regulación de empleo planteado en Tubos Reunidos, que afecta a cerca de 900 trabajadores y amenaza con agravar una situación ya límite en la comarca. El ajuste llega cuando el territorio ha perdido el 22% de su riqueza en los últimos trece años y Amurrio cerró 2025 con una tasa de paro del 15,1%, una de las más altas del entorno.
El anuncio del ERE ha encendido todas las alarmas en un valle muy dependiente de la industria pesada y con escasas alternativas laborales. Tubos Reunidos no es solo una empresa más: es el sustento directo de cientos de familias y un pilar económico para el comercio, los servicios y la vida cotidiana de Amurrio y su entorno. Cada empleo que se pierde arrastra a otros muchos en una comarca ya exhausta.
Pero el golpe no se limita al ámbito industrial. La pérdida de poder adquisitivo de cientos de familias amenaza con trasladarse al comercio local y a la hostelería, sectores ya castigados por años de incertidumbre económica. Menos consumo, menos clientes y menos ingresos dibujan un escenario especialmente preocupante para bares, restaurantes y pequeños establecimientos que sostienen la vida diaria de la comarca.Tubos Reunidos actúa como empresa tractora en el valle y su debilitamiento pone en riesgo a decenas de pequeñas y medianas empresas que dependen directa o indirectamente de su actividad. Talleres industriales, transportistas, subcontratas y servicios técnicos podrían ver reducida su carga de trabajo de forma inmediata, con el consiguiente impacto en el empleo y la viabilidad de muchos negocios.
La preocupación es aún mayor por el perfil de la plantilla. La media de edad en Amurrio ronda los 48 años, lo que sitúa a muchos trabajadores afectados en una franja especialmente vulnerable: con hijos a su cargo, hipotecas en vigor y pocas opciones reales de recolocación. Para muchos de ellos, quedarse sin empleo supone un riesgo de exclusión social difícil de revertir.
El golpe del ERE se suma a una cadena de malas noticias que han ido erosionando el ánimo colectivo. Hace un año, el apagado del horno de Guardian dejó en la calle a 117 operarios, mientras que la posible desaparición de Maderas de Llodio mantiene en vilo a más familias. El temor ahora es que Tubos Reunidos marque un punto de no retorno para la comarca.
Aunque se baraja la vía de las prejubilaciones y los despidos voluntarios, los sindicatos advierten de que no todos los trabajadores podrán acogerse a estas fórmulas y temen un impacto social mucho más profundo. De materializarse los despidos, el paro en Amurrio y Aiaraldea crecerá de forma inmediata, aumentando la presión sobre los servicios sociales y agravando la pérdida de población activa.
Sindicatos y agentes sociales alertan de que, aunque se contemplen prejubilaciones y salidas voluntarias, el impacto será profundo y duradero. De confirmarse los despidos, el aumento del paro y la caída de la actividad económica afectarán de lleno al tejido social de AiaraldeaAiaraldea vuelve así a pagar el precio de un modelo industrial que se desmorona sin un plan claro de futuro. La comarca no solo pierde empleo: pierde estabilidad, oportunidades y esperanza.
, una comarca que ve cómo la crisis industrial amenaza con vaciar no solo las fábricas, sino también sus calles.















