Orduña cede la gestión de su campo de PITCH & PUTT a sus jugadores tras un año de transformación
La Asociación El Hoyo 19, con 42 socios, gestiona ya en la práctica el único campo ecológico de esta modalidad en España, que ha acogido competiciones europeas y prepara un Open con cerca de 70 inscritos. La cesión se aprobará en pleno extraordinario.
El Ayuntamiento de Orduña prevé aprobar la cesión oficial del campo municipal de pitch & putt situado en el barrio de Arbieto a la Asociación de Golfistas El Hoyo 19. La transferencia de la gestión pone el sello institucional a lo que en la práctica ya era un hecho: desde hace aproximadamente un año, la asociación, integrada por 42 socios procedentes de Orduña, Amurrio y la comarca de Bilbao, ha asumido el mantenimiento, la explotación y la organización de competiciones de la instalación, con resultados que sus propios miembros califican de transformación radical.
«Este campo es uno de los activos deportivos más singulares con los que cuenta Orduña y es un orgullo que sea la propia ciudadanía, a través de su asociación, quien tome las riendas de su futuro», ha declarado el alcalde, Iker Santocildes. El primer edil ha subrayado que la cesión representa «el paso natural para consolidar lo que ya es un proyecto deportivo de proyección internacional, nacido del compromiso de este ayuntamiento con el deporte popular, accesible y respetuoso con el entorno». El concejal de Deportes, Xabier Sobrón, ha sido el interlocutor directo de la asociación durante todo el proceso de formalización.
La historia del Hoyo 19 arranca de una llamada telefónica. El campo llevaba un tiempo sin gestión cuando el propio Ayuntamiento se puso en contacto con un grupo de aficionados que frecuentaban la instalación para proponerles hacerse cargo. «No había nadie para coger esto», reconocen desde la junta directiva. La respuesta inicial fue de incertidumbre. “Es complicado, muchos no tenemos ni idea de cómo hacer las cosas», pero el grupo decidió tirar para adelante. Hoy, con el respaldo institucional de la cesión inminente, aquel salto al vacío empieza a dar sus frutos.
La cesión llega en un momento de particular actividad competitiva. El campo acogerá en breve su próximo Open, para el que ya figuran inscritas cerca de 70 personas. El torneo se extenderá a lo largo de tres jornadas: el viernes estará dedicado a la ronda libre de reconocimiento del recorrido; el sábado se disputarán dos vueltas, mañana y tarde, con comida para todos los participantes bajo una carpa habilitada en el propio recinto; y el domingo se celebrará el último recorrido, seguido de la entrega de premios y un almuerzo de despedida. Toda la logística corre a cargo de los propios socios.
El Open no es la única cita competitiva en el calendario. El Hoyo 19 organiza un torneo mensual coordinado para que no coincida con otras pruebas de la zona. La convocatoria, abierta a cualquier jugador, sigue un esquema sencillo pero efectivo: una vuelta al campo, almuerzo con pintxos y entrega de premios. Aquí entra en juego una filosofía diferente a la de los grandes circuitos: en lugar de trofeos, los galardones son productos locales, un bono para comer en un restaurante de la comarca, géneros de la zona. «La gente se va contenta», resumen desde la asociación. Estas citas atraen habitualmente a participantes llegados desde Vitoria y Bilbao.
Más allá de la actividad propia, la asociación ha tejido una red de acuerdos de reciprocidad con otros campos de la región. Ser socio del Hoyo 19 permite acceder al Club de Golf Zuia por 15 o 20 euros. El acuerdo se extiende también al Urban Golf de Vitoria-Gasteiz. El objetivo es crear un circuito de acceso asequible que permita a los socios jugar en campos de mayor recorrido sin asumir las tarifas habituales del golf convencional, que en muchas instalaciones oscilan entre los 70 y los 80 euros por jornada.
El Hoyo 19 es una entidad sin ánimo de lucro: todo lo que ingresa se reinvierte en el mantenimiento y la mejora del recinto. El green fee para una visita puntual asciende a 15 euros. Los socios abonan 20 euros mensuales más tres euros por visita, lo que convierte la membresía en una opción ventajosa a partir de dos salidas al mes. Cuando llega una familia con hijos, la lógica comercial deja paso a otra clase de criterio: los niños juegan sin coste adicional. «¿Cómo les voy a cobrar a los críos?», ilustra uno de los miembros de la junta. «Los críos juegan, los acompañas, les explicas cómo hay que hacerlo.» Esa manera de entender el deporte es, en buena medida, la razón de ser del proyecto.
El mantenimiento del campo recae íntegramente en los socios voluntarios, lo que constituye a la vez su mayor fortaleza y su principal desafío. Las tareas incluyen la siega continua, con máquinas diferenciadas para el césped general y para los greenes, que requieren cortes más delicados, el control de plagas como gusanos y mosquitos que depositan huevos en los tapetes de juego y provocan pequeñas perforaciones que deben taparse a mano, y la reparación progresiva de las zonas de llegada. El campo dispone de una única segadora para toda la extensión; cuando la máquina se avería, el gasto de reparación sale de la caja común. Entre los objetivos a corto plazo figura la adquisición de un robot cortacésped. Para impedir el acceso de animales se ha instalado un pastor eléctrico, aunque alguna vaca consigue sortearlo de cuando en cuando, según reconocen los propios socios.
El recinto cuenta con 18 hoyos de entre 40 y 72 metros, todos con un par máximo de tres, lo que permite completar un recorrido en hora y media o dos horas, frente a las cinco horas habituales en el golf de campo completo. Solo se necesitan hasta tres palos, lo que reduce considerablemente la inversión inicial en material. Su ubicación a media ladera, con vistas directas al Salto del Nervión y a la Sierra Salvada de fondo, lo convierte en un escenario de singular belleza. La instalación comenzó su vida como simple zona de tiro sin greenes, fue ampliada progresivamente hasta los seis hoyos y luego hasta los dieciocho actuales.
El campo es el primero de carácter ecológico de esta modalidad en España. Su construcción, impulsada por la asociación Inbarri tras la cesión del solar por el consistorio en 2015 e inaugurado en diciembre de 2016, se realizó sin ninguna infraestructura artificial: ni sistemas de drenaje, ni tuberías de riego, ni capas de arena ni tepes importados. El consumo de agua es mínimo, ya que el riego se limita exclusivamente a 3 los greenes. Las hierbas son autóctonas y el terreno se moldea únicamente mediante diferentes alturas de corte. La apuesta no es casual: Orduña encabeza la producción ecológica certificada en Bizkaia con 246 hectáreas y cuenta desde 2006 con Ekoizpen Urduña, servicio municipal dedicado a la transición agroecológica del municipio.
Desde el punto de vista técnico, el pitch & putt es una reconocida escuela de golf: sus greenes pequeños obligan a trabajar el approach, el golpe de aproximación, con una precisión infrecuente en los campos convencionales, lo que convierte la instalación en un trampolín ideal para quienes quieran iniciarse en el golf de recorrido largo con base técnica sólida. El juego no depende de la fuerza sino de la concentración y el dominio del palo corto, lo que lo hace apto para cualquier edad, condición física y género. Los campeonatos del campo son mixtos. Sus practicantes destacan también el efecto desestresante de una modalidad que exige atención plena y no deja margen para los pensamientos ajenos al juego.
La trayectoria competitiva de la instalación en apenas ocho años de existencia resulta llamativa para un campo de estas dimensiones. Desde su apertura ha acogido el Campeonato de Europa por Equipos, donde Irlanda derrotó a Cataluña por 8,5 a 0,5 en una final en la que el equipo irlandés no cedió un solo punto en toda la fase de eliminación directa, el Torneo de las V Naciones y el primer Open Ibérico por Equipos, disputado en mayo de 2017 con la participación de Cataluña, Galicia, Andorra y Euskadi. El campo está adscrito a la Asociación Vasca de Pitch & Putt (EPPE), integrada en la FIPPA (Federation of International Pitch and Putt Associations), y ha servido de sede de los clasificatorios vascos para pruebas internacionales celebradas en Noruega, Cataluña y Galicia.
Pocos campos de golf en el mundo acumulan tanto contexto bajo sus pies. El terreno de Arbieto se asienta sobre una dolina, una depresión cárstica originada por el colapso del subsuelo del diapiro de Orduña, que fue además vertedero municipal antes de su rehabilitación en 2002. A escasos metros, otra cavidad colindante se inundó de forma espontánea el 2 de febrero de 1911, dando lugar a la conocida Sima de Orduña, hoy lámina de agua permanente y espacio natural de referencia. Sobre todo ello, y vigilando desde los 938 metros de altitud del monte Txarlazo, el monumento a la Virgen de la Antigua, una estructura hueca de 25 metros en forma de árbol de hormigón, erigida en 1903 por los padres jesuitas con 10 toneladas de hierro y 50 de cemento belga, preside el valle. La leyenda fundacional de Orduña sitúa precisamente en esa ladera el hallazgo de la imagen gótica del siglo XIV venerada en el Santuario de la Antigua: un pastor encontró la talla en madera de tilo enredada















