lunes 13 de julio del 2026

Ya han llegado las primeras familias a Ametsgoien

Actualizada julio 6th, 2026 a las 08:49
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Ametsgoien trabaja para ofrecer apoyo integral a mujeres y sus hij@s, priorizando la dignidad, la seguridad emocional y el acompañamiento humano, en una casa rehabilitada y equipada de la ciudad de Orduña.

Se trata de un hogar seguro, cálido y humano, donde cada mujer pueda reencontrar su fuerza, recuperar esperanza y avanzar hacia una vida estable.

El proyecto está liderado por Aitor Arbaiza, orduñés, y Josu Beaskoetxea, un matrimonio de Alonsotegi con tres hijos adolescentes que decidieron transformar una inquietud íntima en un proyecto colectivo.

Todo comenzó con una historia que les marcó profundamente: «No podía entender cómo una mujer con un bebé recién nacido podía estar en la calle en el Bilbao de 2023». Aquel caso, llegado a través de la red solidaria CVX y el Centro Ignacio Ellacuría, les hizo preguntarse: ¿qué podemos hacer nosotros?

La respuesta fue clara: «Si las instituciones no pueden dar una solución, decidimos endeudarnos de amor».

Así nació Ametsgoien, una casa de 12 habitaciones en Orduña convertida en hogar seguro para mujeres migradas con menores a su cargo, y que ya cuenta con las primeras familias que la habitan.

“Después de muchos meses de trabajo, ilusión, trámites, obras y apoyos de tantas personas, el proyecto empieza a hacerse realidad. Queremos agradeceros de corazón vuestro acompañamiento y confianza durante este camino.

Comienza una nueva etapa y seguimos necesitando vuestra cercanía, vuestras ideas y vuestro apoyo para que Ametsgoien siga creciendo y ofreciendo hogar, acogida y oportunidades. Gracias por formar parte de esta aventura”, explican desde Ametsgoien

Su historia

Durante la crisis de Ucrania, la familia acogió en su propia casa a cuatro mujeres y un traductor.»Pasamos de cinco a nueve en casa. Tuvimos que reorganizarlo todo, pero nuestros hijos lo vivieron con naturalidad».

Esa experiencia confirmó que estaban preparados para algo más grande. Con un préstamo familiar y bancario, adquirieron una casona de 185.000 euros. Y lo que vino después superó todas las expectativas: más de 40 voluntarios de Barcelona, Burgos, San Sebastián, Balmaseda, Bilbao y Orduña se unieron para lijar, pintar, barnizar y dar vida a este sueño colectivo que hoy es una realidad en la ciudad de Orduña.

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