lunes 10 de agosto del 2026

Los vecinos de Baranbio muestran su malestar por el continuo paso de camiones y proponen abrir sin coste el tramo de la AP-68 entre Areta y Altube

Actualizada julio 30th, 2026 a las 09:51
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Foto Asociación de Concejos de ÁlavaFoto Asociación de Concejos de Álava

La junta administrativa de esta localidad de Amurrio exige a la Diputación Foral de Álava medidas urgentes para atajar el continuo desfile de vehículos pesados por la vía principal del municipio, una carretera que consideran un auténtico peligro para la seguridad ciudadana.

Para solucionar este problema, el vecindario plantea una alternativa concreta: erradicar totalmente la circulación de camiones tanto por el pueblo como por el trayecto alavés de la A-2522 (entre Orozko y Ziorraga), pidiendo un paso similar a la Diputación de Bizkaia. Como compensación, proponen abrir sin coste el tramo de la AP-68 entre Areta y Altube, ampliando la gratuidad que actualmente solo opera desde Ziorraga.

Peticiones ignoradas y falta de margen de maniobra

Esta reivindicación no es nueva —suma ya dos décadas a sus espaldas—, pero la situación empeoró notablemente a principios de 2023. La implantación de peajes para el transporte pesado en Vizcaya provocó un «efecto huida» hacia la A-2522, convertida en un atajo gratuito con el que las empresas logísticas llegan a ahorrar unos 800 euros mensuales por camión.

El paso de estos grandes vehículos genera situaciones críticas a diario. El trazado, de seis kilómetros, destaca por ser angosto, repleto de curvas cerradas y rasantes sin visibilidad. En el tramo urbano, de apenas un kilómetro, la convivencia es insostenible:

  • Las viviendas sufren vibraciones continuas en ventanas y estructuras al paso de la carga pesada.
  • Los peatones asumen riesgos constantes al realizar acciones cotidianas como cruzar para depositar la basura.
  • El exceso de velocidad es habitual, pese a existir semáforos y un par de resaltos.

La indignación de los residentes aumenta ante la negativa de las instituciones a permitirles instalar soluciones paliativas. El departamento foral de Carreteras ha rechazado la colocación de radares fijos y la creación de aceras. De hecho, el municipio tuvo que desestimar un proyecto del Plan Foral de medio millón de euros —que ya contaba con la autorización eclesiástica para adaptar la torre de la iglesia— debido al bloqueo institucional.

A esta parálisis se suma la imposibilidad de reformar los caseríos y tejados adyacentes a la calzada por trabas administrativas. Ante la propuesta institucional de construir una variante, la población responde con rotundidad: la orografía local no ofrece margen para nuevas infraestructuras y la verdadera alternativa es liberar la autopista que llevan medio siglo financiando.

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