Artziniega revive su esplendor medieval en una multitudinaria XXVII edición del Mercado de Antaño
La villa de Artziniega ha vuelto a demostrar que no solo se viste de época, sino que respira y vive la historia en cada uno de sus rincones. En el marco de la celebración de la XXVII edición de su reconocido Mercado de Antaño, la localidad ayalesa logró superar un nuevo éxito de convocatoria de público, ambiente y participación en sus más de 100 puestos de productos caseros y artesanales.
El arranque del festejo estuvo marcado por un guiño histórico a su fundación. Un actor metido en la piel del rey Alfonso X el Sabio —quien en 1272 concedió a la localidad la Carta Puebla que la convirtió en Villa— proclamó el pregón de la jornada desde lo alto de la Torre de Ortiz de Molinillo y Velasco. Tras el tradicional tañido múltiple de cuernos a los pies de la parroquia, el pregón dio paso al inicio de las actividades en el Conjunto Monumental de la villa.
Saberes ancestrales y etnografía en vivo
El eje del mercado volvió a ser el rescate de las labores tradicionales, coordinado por la asociación local Artea, impulsora del Museo Etnográfico. En esta ocasión, la exhibición central giró en torno a la economía circular de antaño mediante una demostración práctica de la elaboración de vinagre de manzana.
Las calles de la villa también albergaron muestras en vivo del encaje de bolillos, forja de hierro en la fragua de Pablo Respaldiza, talla de cuernos decorados, trenzado de escobas de brezo y el esquilado tradicional de ovejas a tijera para el posterior hilado de lana con rueca.
Entre las novedades de este año destacaron la presencia de un maestro soplador de vidrio elaborando piezas a fuego directo y un armero errante con una colección de indumentarias defensivas e instructivos sobre el proceso de creación de cotas de malla y armaduras.
Ambientación callejera y oferta gastronómica
A lo largo del día, pasacalles con bandas de gaiteros, percusionistas, trovadores, magos, titiriteros y compañías de animación acompañaron a la muchedumbre. Personajes ataviados como caballeros, peregrinos, clérigos, leprosos y seres fantásticos poblaron las arterias del casco histórico.
Los visitantes pudieron disfrutar además de atracciones como el campamento medieval en Artekale —con exhibiciones de esgrima histórica y talleres infantiles—, demostraciones de talla en madera o la venta directa de las populares rosquillas elaboradas por las Madres Agustinas a las puertas del convento.
El evento concluyó al filo de las nueve de la noche con un espectáculo nocturno de fuego y tambores que despidió simbólicamente el viaje al pasado hasta la próxima edición.











